La complejidad contra el progreso

La complejidad contra el progreso

El progreso es un concepto que solemos asociar a la evolución, como si estuviese predeterminado que tarde o temprano el Ser Humano debería aparecer para dar sentido a todo el proceso evolutivo. Nada más lejos de la realidad.

No existe tal predeterminación y la evolución no es un proceso lineal que conlleve progreso. Este sesgo es una herencia del dogma cristiano imperante durante siglos que situaba a los humanos (realmente a los hombres blancos, europeos y aristócratas) en la cúspide de una jerarquía de origen divino en la que competían por ver quién era capaz de acumular más recursos. Hoy en día este sesgo sigue siendo vigente y tiene un inmenso peso en nuestra sociedad. Sin embargo, a través de la ciencia, se van obteniendo evidencias que desmontan, una y otra vez, la validez de esa cosmovisión.

El nuevo paradigma científico elimina los dioses y nos iguala a las bestias. Nos muestra una evolución compleja, en la que cada linaje genera sus propias herramientas para la adaptación a un planeta en constante cambio. Todos igual de desarrollados, aunque cada uno de una manera diferente.

Entrevista: Irene López Navarro

Entrevista: Irene López Navarro

Irene López Navarro. Socióloga del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

<<Nuestro objetivo es conocer cuál es la percepción de la ciencia en los empresarios>>

El edificio I+D+i de la Universidad de Salamanca apenas tiene un par de años de vida. Por fuera reluce con las planchas de cobre que intentan mimetizarse con la piedra de Villamayor, esa con la que están hechos gran parte de los edificios de la ciudad. Hemos quedado con Irene López cuando termine su charla en el Máster en Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología en la que presenta su proyecto de investigación sobre la percepción de la ciencia en los empresarios españoles.

Pregunta.- Antes de nada quería darte la enhorabuena por el premio extraordinario de doctorado que recibiste ayer. ¿Nos puedes decir cuál fue el tema de tu tesis y con quién la hiciste?

Respuesta.- Gracias por la felicitación. Mi tesis iba sobre todas las preocupaciones, motivaciones y actitudes que se generan entre los investigadores españoles ante el hecho de tener cierta presión para publicar en inglés. Tuve dos directores de tesis, uno perteneciente al CSIC y otra perteneciente a la Universidad de León y tuve de tutor a Miguel Ángel Quintanilla (ex Secretario de Estado de Investigación).

P.- Lograr el doctorado ¿te abrió nuevas oportunidades laborales?

R.- Te puedo dar un dato muy sintomático: la tesis la terminé en el paro (risas). Lo peor de todo es que no es una particularidad mía. Hay mucha gente en la misma situación. Estamos aquí porque nos gusta lo que hacemos y disfrutamos muchísimo, pese a que es una profesión dura en la que no siempre cobras por lo que haces. Pero según van pasando los años te replanteas si merece la pena. Es decir, damos lo mejor de nosotros pero ¿hasta cuándo vamos a estar solapando contratos? Yo tengo 32 años, pero es que hay gente con 40 que sigue así. Y eso te afecta también a tu vida personal, por lo que llega un momento en que te preguntas si no será mejor irse a otro país donde se pueda investigar con mejor calidad de vida.

P.-  ¿En qué consiste tu proyecto actual?

R.- Nuestro objetivo es conocer cuál es la percepción de la ciencia en los empresarios españoles. Partimos de la premisa de que la comunicación entre la ciencia y la empresa es bastante deficiente, como señala el hecho de que todos los que hacen política científica intenten conectar estos dos sectores, aunque sin resultados positivos. Parece ser que no es solamente cuestión de dinero o de incentivos, sino que también hace falta que las empresas reciban y se crean el mensaje de que es importante invertir en I+D+i y actúen en consecuencia.

P.-  En la charla que has dado antes me preguntaba qué diferencias habrá entre la mentalidad de las empresas españolas y las de Silicon Valley que tanto conocimiento aplican.

R.- Siempre tenemos al caso estadounidense como referencia en innovación y a veces es un poco complicado hacer comparaciones con ese país tan particular. En Europa también se desarrolla mucha investigación, al menos en número de publicaciones. ¿Por qué aquí no se aplica ese conocimiento de igual modo? Hay autores que han cuestionado la calidad de la investigación europea, no sólo de su aplicación, pero yo creo que en esa brecha entre ciencia y mercado hay muchas variables sociológicas que no se están midiendo. Hay una cultura empresarial que interfiere en que la empresa no se acerque a la universidad. Además de que en la universidad tampoco existe una tradición que facilite su acercamiento a la empresa.

También cambia el modelo de financiación, que en Estados Unidos se basa en incentivos fiscales mientras que en España se basa en subvenciones y líneas de crédito que no terminan de ser apetecibles para las empresas.

También está el tema de las spin off, que son empresas que se podrían crear directamente desde la universidad, aportando al mercado empresarios muy familiarizados con la cultura científica. Precisamente esta semana leí una tesis basada en entrevistas a investigadores y uno de ellos decía que este tema ha sido un tabú en las universidades hasta hace cinco minutos y que si proponías algo al respecto tu valía investigadora podía ser cuestionada.

No terminamos de ver lo productivos, y no sólo a nivel económico, que pueden llegar a ser los vínculos universidad y empresa. Existe mucho rechazo por parte de la comunidad investigadora; se ve como algo extravagante que no tiene mucho que ver con la idea ortodoxa de lo que es hacer ciencia. Además que el sistema de evaluación no premia, sino que penaliza, todo el trabajo que no sea estrictamente publicar en revistas con alto factor de impacto. Es algo similar a lo que se llama el efecto Sagan en divulgación científica: el tiempo que dedicas a ello lo estás dejando de invertir en las tareas que posteriormente te evaluará el tribunal encargado de valorar tu calidad investigadora.

P.- ¿Cómo vais a tratar el concepto de cultura científica en vuestro proyecto?

R.- Tenemos que solventar el problema de que no exista un modelo teórico suficientemente consensuado. Esto es básico para saber cómo interpretar los datos de las encuestas. Existe un modelo de partida que sería el de la alfabetización científica, centrado en cuánto sabe la gente de ciencia. A este modelo se le han ido añadiendo variables de actitudes, intereses y compromiso hacia la ciencia, pero nos siguen faltando conceptos relacionados con la acción y lo social. Es decir, nos falta la conexión entre el conocimiento o el interés que puede tener un ciudadano en temas científicos y sus actos y decisiones en la vida cotidiana. En nuestro caso, queremos saber, por ejemplo, si existe una relación entre los empresarios que realizan I+D y su participación en foros científicos o el uso de determinadas fuentes de información especializadas. También nos interesa analizar cómo el entorno empresarial influye en la percepción que tienen los empresarios españoles acerca de las instituciones científicas.   Ibán Revilla

Irene López

Irene López Navarro nació en Madrid en 1984. Se licencia en Sociología por la Universidad Complutense y comienza una intensa carrera como investigadora social. En su experiencia profesional destaca su paso por el Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA) de Córdoba, el Centro de Ciencias Humanas y Sociales (CCHS) del CSIC y el Instituto Universitario de Estudios de la Ciencia y la Tecnología (ECYT) de la Universidad de Salamanca.

Entre tanto, obtiene el Máster en Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología de la Universidad de Salamanca y se doctora en esa misma universidad en 2015. Sin embargo, su carrera profesional no ha hecho que deje de lado su vida privada y ha sido madre mientras escribía su tesis doctoral, que finalmente ha sido reconocida con el Premio Extraordinario de Doctorado.

Actualmente continúa su labor investigadora con un proyecto del Ministerio de Economía sobre cultura científica en la empresa en el que participan el Instituto de Filosofía del CCHS-CSIC de Madrid y el ECYT de Salamanca.

Planeta de insectos

Planeta de insectos

Vivimos en un planeta lleno de vida. Cada año se descubren miles de especies, sumándose a los 1.9 millones de especies descritas en la actualidad. Llama mucho la atención que más de la mitad de las especies conocidas hasta la fecha sean insectos. Puede que esto sea la evidencia del gran éxito que su diseño biológico ha supuesto.

Por suerte no lo hacemos así, pero si mirásemos a la naturaleza con ojos generalistas quizá viésemos que sólo hay insectos y algunas otras cosas. No es de extrañar que un grupo de plantas decidiesen usarlos para mejorar su éxito evolutivo. Vieron que los insectos son un buen aliado y de ahí que hoy en día tengamos a las plantas con flores, en perfecta simbiosis y coevolución con los insectos.

Sin embargo no puedo presentar esta infografía que he hecho sin aclarar una cosa. La gran mayoría de las especies de seres vivos de este planeta aún permanecen escondidas a nuestros ojos, y si hacemos caso a las estimaciones más optimistas, puede que la cifra total de especies llegue a los 50 millones. En ese caso, me temo que hasta los omnipresentes insectos se verán eclipsados por las bacterias, que son las auténticas dominadoras de la vida terrestre, aunque aún sabemos muy poco de ellas. Son microscópicas y sólo se buscan las que nos pueden dar algún beneficio económico o las que nos provocan enfermedades.

¿Cuantas cosas sorprendentes nos mostrarán estas especies ocultas? ¿cuántas se estarán extinguiendo sin que lleguemos a conocerlas?

La biodiversidad es nuestro mayor tesoro aunque no la tengamos completamente descrita, pues nos guste o no, somos parte de ella y en ella encontramos soluciones para seguir adaptándonos a un planeta que nunca deja de cambiar.