La mina de uranio se come la dehesa

La mina de uranio se come la dehesa

La minera berkeley resources proyecta en salamanca la mayor mina de uranio de europa.

El proyecto se enfrenta a una severa oposición de los vecinos y otros movimientos sociales.

Berkeley Resources presentó en 2011 un proyecto de mina de uranio que afectaría a varias localizaciones salamantinas. La oposición vecinal no ha dejado de crecer, lo que hace que el proyecto no tenga claro su fututo.

Los datos de la web de la multinacional anuncian que el “Proyecto Salamanca” permitirá extraer unas dos mil toneladas de uranio al año durante los catorce años de vida útil estimados. Eso supone casi la mitad de todo el uranio consumido en España y el 3,2% del consumo mundial.

La Junta de Castilla y León rápidamente concedió los permisos de los que era responsable. Una evaluación de impacto ambiental (EIA) favorable, elaborada por la propia Junta, se sumó a una concesión minera para actuar en 87 cuadrículas mineras (2.517 Hectáreas).

Como señala la Asociación Nacional de Ingenieros de Minas en “Análisis de situación de la minería española en el año 2014 y comienzos de 2015”, el primer gran escollo con el que se encontró el “Proyecto Salamanca” fue la empresa pública ENUSA Industrias Avanzadas, que puso en duda la viabilidad económica del proyecto. Las desavenencias terminaron en una denuncia que presenta Berkeley ante la Corte Internacional de Arbitraje de la Cámara Internacional de Comercio, en la que se solicita una compensación de 200 millones de euros. Como solución ENUSA cede las dos reservas estatales de uranio afectadas a cambio del 2,5% del valor de venta neto.

Los obstáculos para Berkeley crecen a la hora de sentarse a negociar con los municipios afectados que, por pequeños que sean, tienen plenas competencias para vetar la actividad minera. Desde este momento el “Proyecto Salamanca” se va reduciendo hasta centrarse en la localización denominada “Retortillo-Santidad”, en los municipios de Retortillo y Villavieja de Yeltes.

foto aérea mina retortillo

Fotografía de Jesús Cruz Fernández

De la incredulidad al enfrentamiento

Los vecinos de los municipios afectados han seguido con incredulidad los movimientos de Berkeley. “Yo siempre tuve la esperanza de que fuese un movimiento especulativo, pues parece que no es la primera vez que lo hace así”, dice Mariángela, de Villares de Yeltes. De hecho, tal y como reconoce la propia multinacional, este es el único proyecto minero que tienen en todo el mundo. Cuando construyen una mina, la venden.

El Proyecto Salamanca es el único proyecto minero que Berkeley tiene en todo el mundo.

El oeste de la provincia de Salamanca está formado por suaves colinas cubiertas de dehesas de encinas centenarias. Alberga municipios minúsculos con graves problemas de despoblamiento. Según los datos de 2015 del Instituto Nacional de Estadística (INE), el mayor de los municipios afectados es Villavieja de Yeltes, con 861 vecinos. Retortillo tiene 227, y Villares de Yeltes apenas 131.

Lourdes, Eva y Ana son vecinas de Boada, municipio vecino de 298 habitantes, y denuncian el abandono institucional. “Como somos poca gente no le importamos a nadie. Hasta el diputado de medio ambiente, que es vecino de la comarca, hace como si esto no fuese con él. Le hemos escrito formalmente varias veces, pero no contesta. Nos tienen totalmente abandonados.

Varios vecinos decidieron crear en 2013 la plataforma Stop Uranio con la intención de hacerse oír y paralizar el proyecto minero. Su actividad les ha llevado a denunciar varias presuntas irregularidades en el planteamiento de la explotación, en la concesión de permisos, y en el proceder de Berkeley Resources.

Concentración Stop Uranio Mina Retortillo

Fotografía de Ignacio Paradero Huerta

José Ramón Barrueco, portavoz de Stop Uranio y concejal de Villares de Yeltes, prevé un impacto negativo en el empleo local: “Por mucho que Berkeley prometa 200 puestos de trabajo, lo cierto es que la principal actividad económica de la zona es la ganadería, y con la mina al lado va a ser difícil pasar los controles sanitarios. Hay otros 65 puestos de trabajo en el balneario de Retortillo que desaparecerán al tener la mina a poco más de un kilómetro”. El concejal también advierte de los impactos negativos que presume para el medio ambiente: “Van a excavar un cráter de más de cien metros de profundidad, y varias hectáreas de extensión. Arrancarán unas 25.000 encinas centenarias y van a destruir espacios que están protegidos por la Red Natura 2000. Ya han empezado a cortar encinas y eso que aún no disponen de todas las autorizaciones necesarias.

Se excavará un cráter de 100 metros de profundidad y varias hectáreas, que arrancará unas 25.000 encinas centenarias.

El proyecto minero explica que el óxido de uranio se extraerá a través de grandes voladoras que pueden liberar al aire grandes cantidades de partículas radioactivas. Para evitar lo que supondría un grave riesgo para la vida de la comarca, Berkeley propone el uso de agua del río Yeltes para sedimentar el polvo producido. Esta captación, que requiere la alteración del caudal natural del río, ya ha sido autorizada por la Confederación Hidrográfica del Duero, pero aún falta la concesión del permiso para verter las aguas residuales de vuelta al río.

El riesgo que suponen los residuos de la mina, tanto para la atmósfera como para el agua, ha hecho que el gobierno de Portugal se interese por la seguridad del proyecto. La mina se sitúa a escasos 30 kilómetros de la frontera y el río Yeltes vierte sus aguas al Duero, por lo que el país vecino ya ha anunciado que se acogerá a las leyes europeas para intentar bloquear el proyecto. Portugal hace ya muchos años que renunció a la energía nuclear, al no querer asumir los riesgos que conlleva, y tienen la experiencia de otras minas de uranio en su territorio que han dejado un historial de 160 muertes y multitud de enfermedades en los habitantes de los entornos mineros de Urgeirica.

EQUO y Ecologistas en Acción han interpuesto varias alegaciones centradas en una EIA que era para un proyecto con solo residuos con radiactividad natural, mientras que Berkeley presentó una modificación posterior del proyecto en la que se preveía también la gestión de residuos radiactivos. “Es un intento de crear un cementerio nuclear y eso debe ser evaluado por el Ministerio de Industria, Energía y Turismo. Esta EIA ya no es válida, pues la ley dice que es responsabilidad de la administración que deba dar el permiso de mayor importancia. En este caso sería el Ministerio”, señala Gabriel Risco, de EQUO.

Encinas taladas de la mina de Retortillo

Fotografía de Jesús Cruz Fernández

Fractura social

Sin embargo, lo que más dolor produce entre los opositores de la mina es la fractura social que se está produciendo en el municipio de Retortillo. Victorino García, nativo del pueblo y miembro de Stop Uranio, nos cuenta que “mi tío considera que la mina es un bien para el pueblo y como yo me opongo me ha dicho que ya no somos familia. Pero es Berkeley el culpable de haber dividido a las familias y a los amigos. Van a pasar muchos años hasta que las heridas se curen”. Por otro lado, el Juzgado de primera Instancia e Instrucción de Ciudad Rodrigo ha aceptado una querella presentada por Stop Uranio contra los regidores hasta 2015 del Ayuntamiento de Retortillo. Se les investiga por supuestas irregularidades en la gestión municipal que permitieron su lucro con la venta a Berkeley de terrenos por un precio muy superior al real y con contratos laborales a cambio de la concesión de las oportunas licencias municipales. Como respuesta, el ayuntamiento de Retortillo decidió en pleno considerar personas “non gratas” a varios miembros de Stop Uranio, lo que ha ahondado la división social del municipio.

Desde EQUO se denuncia también donaciones de unos 200.000€ “de dudosa legalidad y nula moralidad” que Berkeley ha hecho al Ayuntamiento de Retortillo a cambio de agilizar la concesión de licencias municipales. Esto se suma a las noticias publicadas en 2015 por los principales medios de comunicación estatales, cuando se descubrió que Manuel Lamela (antiguo Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid) presionó al Comisario Arias Cañete para que la Comisión Europea cambiase de parecer y viese con buenos ojos el “Proyecto Salamanca”.

Entrevista: Raúl de Tapia Martín

Entrevista: Raúl de Tapia Martín

Raúl de Tapia Martín. Biólogo, Director de proyectos de la Fundación EB-Tormes y Coordinador en Red Custodia del Territorio de Castilla y León.

<<Necesitamos que la gente vuelva a tener un paisaje de referencia>>

Estamos ante una de las referencias en materia medioambiental de la provincia de Salamanca y quizá de toda Castilla y León. He tenido la oportunidad de compartir con él trabajo en varios proyectos y sé que es una persona dedicada en cuerpo y alma a la promoción de unos valores medioambientales que permitan conservar nuestro patrimonio natural.

Incansable en el diseño y desarrollo de proyectos, Raúl de Tapia disfruta con las narraciones orales a la sombra de árboles centenarios, con la observación de aves o con los sonidos de los bosques que rodean sus pueblos: San Martín del Castañar y Almenara de Tormes.

El Centro de Iniciativas Ambientales de la Fundación EB-Tormes se asienta en una antigua gravera rehabilitada a la orilla del río en el municipio de Almenara de Tormes. Lo que era un terreno yermo e inerte alberga hoy un tupido bosque de ribera que ha recuperado el espacio que le pertenecía.

Pregunta.- ¿De dónde le viene la vocación ambiental?

Respuesta.- De alguna manera la vocación ambiental me vino por la sensibilidad. O de las cosas que me generaban conflictos emocionales, como cuando en Almenara de Tormes mi tío me mandaba tirar la basura al río. ¿Por qué tirar la basura al río si iba a terminar en el pueblo de al lado? Luego ya, con trece o catorce años, mi hermano mayor aparece con la revista Quercus y gracias a esto inicio una sensibilización más técnica y formada en la que descubro problemas más allá de Salamanca.

P.- ¿Cómo se inicia su carrera profesional?

R.- Durante toda la carrera de Biología tenía un grupo de voluntariado, con el Colectivo Bellotero y con los Scouts del Barrio del Oeste (Salamanca). Nuestra primera acción fue limpiar la escombrera de un patio de luces y habilitarlo como vivero. Allí criábamos plantones de árboles autóctonos para hacer reforestaciones, como hacían entonces la propia Quercus o la asociación ARBA. Después montamos una campaña de recogida de papel que fue todo un éxito en Salamanca y que fue el germen del actual sistema de recogida selectiva de basuras.

En el Departamento de Ecología de la Universidad de Salamanca entendí que había dos cosas que debían confluir: el conocimiento científico técnico aplicado y el movimiento social. Así se podría lograr avances significativos que complementasen los logrados por la vía política.

P.- ¿En qué momento surge la idea de crear la Fundación EB-Tormes?

Mi hermano redactó su proyecto de fin de carrera de Ingeniería Agrícola sobre la restauración de la gravera de Almenara de Tormes, que estaba abandonada y era un sitio donde íbamos a jugar de pequeños. Cinco años después conseguimos que los propietarios aceptasen el proyecto de restauración, Propusimos crear la Fundación EB-Tormes para que los terrenos sólo se puedan destinar a un proyecto de educación ambiental de interés público. Y es ahí cuando nace el Centro de Iniciativas Ambientales.

P.- ¿Cuáles cree que son los desafíos actuales en el ámbito ambiental?

R.- Que la sociedad vea al medio ambiente como una necesidad. Igual que vemos que el empleo digno es algo de justicia social, se debería colocar en el mismo nivel el derecho a un ambiente de calidad. Cualquier persona debería entenderlo así, todo el mundo prefiere que sus pulmones estén en contacto con un bosque y no con una instalación contaminante.

P.- ¿Se puede lograr eso con la Custodia del territorio?

R.- Custodiar un entorno se basa en que un propietario y una ONG lleguen a un acuerdo para trabajar con unos objetivos comunes de mejora del entorno. Está claro que todos tenemos que seguir obteniendo beneficios del entorno, pero muchas veces no entendemos la huella ecológica que tienen estos beneficios. Quizá esta dificultad para establecer la causa-efecto es lo que hace que la gente no termine de ser responsable con los temas ambientales. Puede que se esté sensibilizado, pero aún no se es responsable.

Un buen ejemplo sería la cultura de la dehesa. Estoy hablando de los trabajadores, porque lo de los dueños de las fincas es algo bien distinto. Esta gente que trabajaba las dehesas entendía que la conservación  de los pastos, del agua, del arbolado y un buen manejo del ganado era lo que permitía que su vida siguiera adelante, no para enriquecerse, pero sí para dignificar su día a día. Sabían que si sobrepasaban unos límites, antes o después se volvería en su contra.

P.- ¿Con qué sueña Raúl de Tapia?

P.- Llevo tiempo pensando en unir Salamanca y Ledesma con un camino a la orilla del río. Al deslindar las riberas se conseguiría que el bosque de ribera recuperase su potencial, pues actualmente llega hasta donde llegan los tractores. Las antiguas graveras que hay en este tramo quedarían restauradas como humedales conectados, lo que sería una conexión ecológica muy interesante para las aves.

También tiene interés social. Si la gente se hace con este paisaje lo va a defender. Pienso, como Unamuno, que el mayor problema es que la gente está despaisajada. Necesitamos que la gente vuelva a tener un paisaje de referencia. Y ese es el sueño que tengo. Ibán Revilla.

Fotografía de Ximo Fernández. http://www.ximofernandez.com/

Fotografía de Ximo Fernandez.

La carrera profesional de Raúl de Tapia:

  • Licenciado en Biología por la Universidad de Salamanca.
  • Consultor ambiental y patrimonial de la Fundación Tormes-EB, con sede en Salamanca.
  • Director del Centro de Iniciativas Ambientales gestionado por la Fundación Tormes-EB.
  • Coordinador del Programa VoluntaTormes de la Fundación EB-Tormes.
  • Coordinador en Red Custodia del Territorio de Castilla y León.
  • Miembro de la Comisión de Medio Ambiente de la Asociación Nacional de Fabricantes de Áridos (ANEFA).
  • Director del Plan de Comunicación Ambiental del Centro de Tratamiento de Residuos de Salamanca para Fomento de Construcciones y Contratas (FCC).
  • Creador del proyecto Catedrales Vivas.
  • Colaborador del programa El Bosque Habitado, de Radio 3.
  • Premios:
    • Premio Nacional Ecoejemplos, Caja Madrid (marzo de 2005).
    • Premio Medio Ambiente, Caja España (2008).
    • Premio Medio Ambiente, en colaboración con la Universidad de Salamanca, Caja España (2010).
    • Premio Sostenibilidad Fuentes Claras, Junta de Castilla y León (2012).
    • Premio Nacional a la Defensa del Patrimonio Natural, Fundación Ones – Mediterránea (2015).
  • Publicaciones:
    • Manual sobre el Protocolo de Kioto. (2005).
    • Unidad didáctica: Fotogramas de una vida en vuelo: El azud de Riolobos, un humedal en la meseta castellana. Fundación Tormes-EB, CITA – Fundación Germán Sánchez Ruipérez. (2007).
    • La dehesa: el tiempo hecho encina. Revista Emociones. (2011).
    • Guías temáticas del programa: Entorno natural y medio ambiente. Materiales educativos Fundación Salamanca Ciudad de Cultura y Saberes. Ayto. Salamanca. (2011).
    • Unidad didáctica: Tus residuos a escena. 3er ciclo de primaria y 1er ciclo de secundaria. (2012).
    • Robledales Paisajes de clorofila. Revista Emociones. (2012).
    • Aves del Tormes, viajeras de ida y vuelta. Revista Emociones. (2012).
    • Manual técnico: “Informe diagnóstico del inventario de territorios de interés y elementos singulares para la custodia”. Fundación EB-Tormes. (2010).
    • Manual Técnico “El voluntariado rural-urbano en la Custodia del Territorio”. Fundación EB-Tormes. (2010).
Especie

Especie

A veces echo de menos la explicación de conceptos básicos de la ciencia, pues son necesarios para poder comprender luego otros más complejos. De hecho, en la última encuesta de percepción social de la ciencia de la FECYT el 35.9% de la gente que confesó estar poco o nada interesada por la ciencia lo achacaba a no entenderla. Y eso nos abre una gran oportunidad a los que queremos dedicarnos a la divulgación, pues debemos hacer que la ciencia sea comprensible para cualquier persona.
En el caso de la biología, uno de los conceptos más básicos que podemos tratar es el de especie, cuya comprensión general nos permitirá mejorar la comunicación de conceptos más complejos de los campos de la biotecnología o de la conservación de la biodiversidad.

especies_12533564
La complejidad contra el progreso

La complejidad contra el progreso

El progreso es un concepto que solemos asociar a la evolución, como si estuviese predeterminado que tarde o temprano el Ser Humano debería aparecer para dar sentido a todo el proceso evolutivo. Nada más lejos de la realidad.

No existe tal predeterminación y la evolución no es un proceso lineal que conlleve progreso. Este sesgo es una herencia del dogma cristiano imperante durante siglos que situaba a los humanos (realmente a los hombres blancos, europeos y aristócratas) en la cúspide de una jerarquía de origen divino en la que competían por ver quién era capaz de acumular más recursos. Hoy en día este sesgo sigue siendo vigente y tiene un inmenso peso en nuestra sociedad. Sin embargo, a través de la ciencia, se van obteniendo evidencias que desmontan, una y otra vez, la validez de esa cosmovisión.

El nuevo paradigma científico elimina los dioses y nos iguala a las bestias. Nos muestra una evolución compleja, en la que cada linaje genera sus propias herramientas para la adaptación a un planeta en constante cambio. Todos igual de desarrollados, aunque cada uno de una manera diferente.

Planeta de insectos

Planeta de insectos

Vivimos en un planeta lleno de vida. Cada año se descubren miles de especies, sumándose a los 1.9 millones de especies descritas en la actualidad. Llama mucho la atención que más de la mitad de las especies conocidas hasta la fecha sean insectos. Puede que esto sea la evidencia del gran éxito que su diseño biológico ha supuesto.

Por suerte no lo hacemos así, pero si mirásemos a la naturaleza con ojos generalistas quizá viésemos que sólo hay insectos y algunas otras cosas. No es de extrañar que un grupo de plantas decidiesen usarlos para mejorar su éxito evolutivo. Vieron que los insectos son un buen aliado y de ahí que hoy en día tengamos a las plantas con flores, en perfecta simbiosis y coevolución con los insectos.

Sin embargo no puedo presentar esta infografía que he hecho sin aclarar una cosa. La gran mayoría de las especies de seres vivos de este planeta aún permanecen escondidas a nuestros ojos, y si hacemos caso a las estimaciones más optimistas, puede que la cifra total de especies llegue a los 50 millones. En ese caso, me temo que hasta los omnipresentes insectos se verán eclipsados por las bacterias, que son las auténticas dominadoras de la vida terrestre, aunque aún sabemos muy poco de ellas. Son microscópicas y sólo se buscan las que nos pueden dar algún beneficio económico o las que nos provocan enfermedades.

¿Cuantas cosas sorprendentes nos mostrarán estas especies ocultas? ¿cuántas se estarán extinguiendo sin que lleguemos a conocerlas?

La biodiversidad es nuestro mayor tesoro aunque no la tengamos completamente descrita, pues nos guste o no, somos parte de ella y en ella encontramos soluciones para seguir adaptándonos a un planeta que nunca deja de cambiar.

La Victoria de la Sencillez

La Victoria de la Sencillez

LA VICTORIA DE LA SENCILLEZ

 Entramos por aquel húmedo pasadizo. Todo estaba tapizado con pelos negros de aspecto bastante desagradable. Era bonito ver el techo translúcido. Me senté un rato a contemplarlo; el hecho de ser un pionero no quita para saber aprovechar los momentos de belleza que te brinda el camino. Los demás se apresuraban en entrar, pero yo nunca fui de los que tienen prisa. No la necesitas para hacer un buen trabajo. Íbamos a hacer algo grande y quería disfrutar de los pequeños detalles.

Sentía el viento yendo y viniendo por el pasadizo, entraba frío y salía cálido. ¿Qué queréis que os diga? Me fui hacia el calor. Las paredes del túnel cada vez eran más pegajosas, de hecho muchos de mis compañeros se iban quedando atrapados en aquella masa viscosa. Eso es lo que pasa por ansias, que es mejor mirar por donde va uno, que no me canso de repetirlo.

Noté una leve sacudida y mi instinto me puso en alerta. El viento entraba como en espasmos. Me agazapé en un pequeño recoveco y me agarré todo lo fuerte que pude. ¡Aaaaah! ¡Aaaaah! ¡Aaaaah! Y de repente: ¡Chiisssss! Un viento huracanado arrasó todo el túnel. Todo el material viscoso salió despedido llevándose con él a todos los compañeros que había quedado allí atrapados. Cuando el ambiente se calmó hicimos un recuento. Aún éramos muchos, más que suficientes.

Al rato llegamos a una zona donde el túnel se ensanchaba y caía en picado. Me pareció un lugar precioso para prosperar. Las paredes eran más suaves, sin aquellos horribles pelos, y la mucosidad era más jugosa y cálida. Decidí quedarme allí, sabía de oídas que más al fondo, por muy apetecible que aparentase ser, las cosas eran más difíciles. Muchos de mis compañeros tomaron mi misma decisión, pero algunos otros se dejaron engatusar por falsas expectativas y continuaron túnel abajo. Nunca más supimos de ellos.

 

Vi que un par de tipos extraños se interesaron en mí y vinieron a saludarme.

—Hola, buenos días, ¿eres nuevo por aquí?

—Hola. Sí, así es, llegué hoy mismo y creo que me voy a quedar. Parece un lugar agradable.

—Sí que lo es. Yo llegué hace un par de días y me gustó tanto que aún no he decidido donde fijarme. Además, me encontré con este tipo y hemos hecho buena amistad. Nunca había visto a nadie como él, pero tampoco a nadie como tú.

—¡Qué gracia! Yo tampoco había visto a ningún tipo como vosotros. Os parecéis a los míos, pero vosotros no sois tipo C, ¿verdad?

—No, que va. Yo soy un tipo B y este otro es un A. Son un tipo que habla poco, pero por lo visto son la leche. Preparan unas infecciones de lo más brutales. Venga anda A, cuéntale lo de tu familia.

—Bueno, no es que quiera presumir, pero las mejores pandemias en humanos de la historia son las nuestras, aunque bien es cierto que nuestra edad dorada fue en 1918, cuando nos cargamos a casi 100 millones de humanos —dijo A sin querer alardear. Me quedé atónito, era algo majestuoso. Nunca había oído nada parecido.

—¿Ves? ya te dije que estos tipos eran la leche —Me dijo B riendo.

—De todos modos cada año es más difícil —continuó A—, porque os tengo que confesar que no lo hacíamos solos. Teníamos un convenio con algunas bacterias para que atacasen por la retaguardia mientras nosotros nos batíamos con los anticuerpos. Y eran bacterias tan bestias que provocaban unas neumonías mortales, pero claro, hemos tenido que rescindirles el contrato porque no son capaces de hacer frente a los antibióticos y ahora caen como moscas. Llevan mal lo de innovar y claro, así no se puede.

—¡Qué nos vas a contar, si nosotros mutamos todos los años! —les dije, sintiéndome orgulloso de ser un tipo C.

—¡Toma! Pues como todos los tipos de influenzavirus —me dijo B—. Esa es nuestra principal ventaja competitiva: que somos los mayores pioneros del mundo.

—Y eso que no hablamos de lo que hacemos en otros animales, porque en patos también las hemos liado pardas —el tipo A nos miraba con orgullo mientras hablaba.

—¿Qué me cuentas? ¿En patos? ¡Ala! De eso no me habías dicho nada —B estaba emocionado—. Nosotros sólo vivimos en humanos.

—Bueno B —intervine—, nosotros en patos no, pero en cerdos sí que hemos hecho algo también.

—Pues nosotros… —B hizo memoria—. Bueno, espera, ahora que lo decís sí que recuerdo algo que me contó un familiar de una buena fiesta en… focas.

—¡Focas! —dijimos a la vez A y yo realmente sorprendidos—. ¿En focas? ¿Lo dices en serio?

—Que sí, que sí. No recuerdo los detalles porque me lo tomé a risa, pero ahora que sé lo vuestro creo que también podemos hacerles buenas infecciones a las focas.

—Vaya tela —les dije—. Tan parecidos y tan distintos. Menos mal que tenemos las infecciones en humanos en común, que si no a ver cómo nos hubiésemos conocido. De todos modos, ¿no tenéis a más de vuestro tipo por aquí?

—No, que va. Nos hemos quedado solos. En algún momento nos despistamos y nos dispersamos solos. De ahí que no tengamos prisa en infectar, porque nosotros solos poco vamos a poder hacer.

—Hay que ser más disciplinados, hombre —reflexioné—. Que sin compañeros no hay fiesta. Bastante fallamos ya de por sí, que para que un virus logre infectar una célula con su material genético casi que tiene que sonar la flauta, que tenemos muy malas estadísticas al respecto.

—Yo creo que es porque gastamos tanto tiempo en investigar mutaciones que nos hagan invisibles a los sistemas inmunes que no sacamos ideas para mejorar la infección.

—Puede que tengas razón, B. Si queréis podéis uniros a nosotros. Ya sé que una infección con los C no es tan emocionante, A, pero es lo que hay, o eso o nada.

—Pues venga, yo me uno —dijo B.

—Bueno va, si no me queda otra… —dijo A un poco triste.

—Vale, pues esperaremos a la señal.

 

Estuvimos paseando por la zona un tiempo. Palpábamos el terreno eligiendo células que fuesen buenas para infectar. De vez en cuando pasaban algunos linfocitos de reconocimiento por allí y nos echábamos unas risas a su costa, pues no se enteraban de la misa la media y nos trataban como a meros turistas. B, que era un cachondo mental, incluso llegó a hacerse algún selfie con ellos.

Pasamos unos buenos ratos. Saludábamos a los compañeros que aún seguían pasando por allí, nos contábamos batallitas de otras epidemias y disfrutábamos metiéndoles miedo a las células, a las que palpábamos lascivamente, como quien palpa un jugoso bizcocho. Por muy simple que sea la vida puede ser un gran placer si se tiene una buena compañía.

 

Cuando por fin llegó la señal ya teníamos bien claro a qué célula nos íbamos a fijar. Corrimos a nuestras posiciones e iniciamos el protocolo de replicación. Sentí escalofríos cuando mi cápside esférica se fundió con la membrana citoplasmática de la célula hospedadora. Pude sentir su miedo exacerbado, pero eso sólo me excitaba más. Fui penetrando poco a poco, hasta completar el placentero proceso de endocitosis. Me olvidé por completo de mis amigos B y A y de todos mis compañeros. Era un momento para disfrutar en soledad, la máxima realización a la que puede aspirar un virus como yo.

Todo iba saliendo a la perfección. El protocolo de fijación es realmente complejo y pocas veces termina exitosamente. Os lo cuento así de una manera sencilla, pero es realmente complejo: intervienen multitud de factores, proteínas específicas que hay que saber muy bien dónde poner y receptores celulares que hay que estimular de una determinada forma para que la célula te deje entrar.

Dentro de la célula eucariota, esas que tienen núcleo y otras muchas estructuras complejas, como son las de los humanos, todo parece un sueño. Hay multitud de orgánulos que nos son completamente exóticos. Nosotros, los virus somos mucho más sencillos, apenas una cápside de proteínas y un poco de material genético. Incluso los virus de la gripe ni siquiera tenemos ADN, que es material genético complejo de doble cadena, sino que tenemos ARN, que es de cadena única. Muchos pensarán que por ser simples somos despreciables, pero que va, no tenemos ningún complejo de inferioridad. Nosotros sabemos que en la sencillez está la belleza. Es más que probable que nuestros antepasados, hace millones de años, también fueran células procariotas, de esas sin núcleo, como las bacterias. Pero descubrimos que la sencillez era muchísimo más ventajosa si decides vivir de parásito. Por eso evolucionamos despojándonos de todo lo prescindible. ¿Para qué malgastar energía en desarrollar complejos sistemas de reproducción y respiración celular si los puedes tomar prestados de otras células? Cuanto más posees más esclavo te vuelves; más vulnerable. Gracias a nuestra sencillez podemos resistir las más duras condiciones y somos muy difíciles de atacar, pues apenas tenemos puntos débiles. Ya ves, somos muy zen.

 

Solté mis ocho fragmentos de material genético y alguna proteína accesoria y disfruté contemplando como la célula lo fue integrando en su núcleo como si fuese su propio ARN. Imaginaros el placer: toda la célula eucariota, con su soberbia, con sus aires de superioridad, de ser más compleja, más evolucionada, trabajando para mí, un sencillo virus que de nada presume. ¡Cuántas tonterías asociada a la evolución, con todo eso de la complejidad y el progreso puestas en entredicho con mi simple infección!

Primero transcribirá el ARN y después lo traducirá, bloqueando todo su propio mecanismo celular hasta que termine con lo mío. En mi ARN está toda la información necesaria para que la célula lo traduzca y construya las proteínas que forman el cuerpo vírico y las rellene con copias de mi material genético. Eso sí, como los virus de la gripe somos unos innovadores natos, hacemos que cada nuevo virus formado lleve una mutación. Así, cuando salgan al exterior de la célula, en un proceso prácticamente inverso al de cómo entré yo, el sistema inmune del humano no los podrá reconocer ni, por tanto, atacar.

Es por eso que el cuerpo de los humanos se vuelve loco con nosotros. Se podría decir que se defiende a cañonazos, siendo nosotros moscas. Los linfocitos se llevan todo lo que pillan por delante, se producen procesos inflamatorios y febriles con el fin de exterminarnos, pero el cuerpo también sufre, y empiezan los mocos, los dolores y la tos.

 

Ahora que la infección está en su apogeo, calentito y con sensación de plenitud, puedo escuchar los estornudos y toses de mi anfitrión. Son música para mis oídos. Puedo sentir a mis descendientes dispuestos a salir despedidos con cada golpe de tos, ansiosos de conquistar nuevos territorios, al igual que yo conquisté este.

 

¿Y yo? Bueno, puede que este sea mi fin. Mi placentero fin. O quizá no, quizá quede una parte de mí en cada nuevo virus producido. Muchos caerán en esta infección, pues al final, el sistema inmune es un digno enemigo y termina por imponer la calma, aunque tarde una semana en enterarse de qué va la vaina. Pero otros muchos habrán salido para participar en nuevas infecciones o quedarán escondidos y latentes en algún frío lugar a la espera de un nuevo cambio de estación.

Sea como fuere, siempre seremos parte de tu vida. Sólo te pedimos una cosa: no nos confundas con un vulgar catarro de tres al cuarto, los virus de la Gripe somos mucho más. Somos la victoria de la sencillez.

Licencia de Creative Commons
La Victoria de la Sencillez by Ibán Revilla is licensed under a Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional License.

DESCARGAR
Inteligencia vegetal

Inteligencia vegetal

Stefano Mancuso nos presenta, junto a la periodista Alessandra Viola el libro Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal, publicado en España por la Editorial Galaxia Gutenberg y traducido por David Paradela López (144 páginas, 14,50€).

El libro comienza por generalidades y detalles históricos que muestran cómo las plantas han sido tratadas con desdén en nuestra cultura. Capítulo a capítulo, los autores nos van metiendo en un fascinante mundo que resulta exótico y desconocido; más si uno se reconoce aficionado a la botánica.

Se presenta al reino vegetal como un conjunto de individuos difusos, que debido a su estilo de vida sésil han adoptado estructuras descentralizadas, es decir, sin órganos vitales que pudiesen comprometer la supervivencia ante la presión ejercida por los animales. Tendríamos que hablar de algo más cercano a una colonia que a un individuo.

Debido a ese estilo de vida sésil y descentralizado, la sensibilidad a los estímulos, tanto externos como internos, y sus órganos receptores difieren enormemente de los de los animales, lo que no significa que la planta no pueda procesar la información y tomar decisiones. Más aún, el grado de sensibilidad vegetal parece ser muy superior al animal, ya que les permite responder a un gran abanico de estímulos químicos y físicos.

La fascinación que despierta el libro va aumentando en el capítulo sobre la comunicación de las plantas y llega a su clímax en el último capítulo dedicado a la inteligencia vegetal.

Ya es asombroso analizar la comunicación que existe entre plantas y animales; sería imposible entender las plantas con flores sin hablar de su relación con los insectos, por ejemplo. Pero cuando se habla de la comunicación entre las propias plantas es cuando el libro adquiere la capacidad de llevarte a un mundo fascinante. Y es que entramos de pleno en el debate sobre qué es la vida y qué somos nosotros mismos, los humanos. Para entender el reino vegetal nos vemos obligados a retroceder varios pasos para ampliar nuestro punto de vista y eso nos permite reflexionar sobre el individuo y lo colectivo, sobre lo que es una sociedad y los comportamientos emergentes que provoca.

Y eso nos lleva, inevitablemente, a hablar de la inteligencia y de la gran dificultad que tenemos para definirla sin caer en la tentación de otorgar a los humanos su exclusiva. ¿Será eso lo que nos hace sentir tan solos en el universo? ¿lo que nos lleva a crear dioses a nuestra imagen y semejanza? ¿a explorar el cosmos en busca de otra vida “inteligente”?

Dice Mancuso: “La inteligencia nos une, no nos divide.” Podemos hablar de un gradiente, pero difícilmente podremos señalar un origen de la inteligencia, es decir, nosotros somos inteligentes (¿no?), ¿lo era también el neandertal? ¿y el chimpancé, el delfín, el perro, el lagarto, el rape, la lombriz? ¿y la ameba que es capaz de salir de un laberinto? Quizá no sea una cuestión cualitativa, sino cuantitativa, es decir, la inteligencia quizá sea innata a la propia vida y se distinga entre especies por valores meramente cuantitativos.

Las plantas, por su parte, esconden muchas respuestas y ofrecen muchos ejemplos para el desarrollo de la inteligencia artificial y redes como internet, pues su inteligencia descentralizada y sus raíces que funcionan en enjambre son lo más parecido al descubrimiento de inteligencia extraterrestre que podamos hacer. De hecho, si no reconocemos la inteligencia vegetal ¿cómo podremos reconocer la inteligencia en otros planetas? ¿Sólo la reconoceremos como tal si es idéntica a la nuestra?

En resumidas cuentas. “Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal” es una muy recomendable lectura y Stefano Mancuso es uno de esos científicos a los que habrá que seguir la pista muy de cerca.

.

mancuso